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Pedro Biedma
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Bienvenido V. | | Pedro Biedma. 04.03.18 | Ampliar | Contemplaba absorto la enorme belleza que posee la caída del ocaso, sentado en un viejo e incomodo banco de estación, se sentó junto a mi y tuvo que recurrir a una tos forzada para llamar mi atención, inmediatamente me disculpé y lo saludé. Se trataba de un señor de mediana edad y sobre todo con ganas de hablar, era una de esas personas que te hacen dudar sí es cierto o no el dicho de “habla hasta por los codos”. Tras corresponder a mi saludo se presentó, mejor dicho, me relató su vida en apenas quince minutos, lo que tardó en aparecer mi tren. Me susurró al oído que algo le perseguía desde su nacimiento y estaba seguro que sería el causante de su muerte, yo no lo tomé en serio, pero me apetecía oír su historia, seguramente victima del aburrimiento acumulado tras dos horas de espera en aquel lugar. Sus padres nacieron en Puerto Rico y emigraron a España donde, al poco tiempo, vino el al mundo, un 23 de Abril de 1.951, recordado en Valencia, su ciudad natal, por ser el día en que el viento logró rachas de 115 km/hora, récord histórico aún no superado, todo acababa de comenzar. Recordaba las risas de sus compañeros de clase al pasar lista el profesor y pronunciar su nombre, “Bienvenido Vientos Del Campo”, comentó medio avergonzado, la verdad que mis labios dibujaron una sonrisa espontánea, la cuál borré al instante, para colmo el nombre del centro educativo era Molinillo de Viento y su uniforme llevaba un anagrama con dicho elemento. |
| Mi cómplice | | Pedro Biedma. 01.03.18 | Ampliar |  Hola vieja amiga, como siempre has acudido a mi llamada incluso antes de que mis labios pronunciaran tu nombre, desconozco tu secreto, pero nada más pensar en ti, apareces a mi lado, algún día me desvelarás el truco camarada. Toma asiento aquí, a mi lado, cerquita, deja que te cuente mis desilusiones, mi deseos, incumplidos, mis temores más profundos, tú sólo, !oye y calla¡. No puedo creer como algunos se avergüenzan de tu presencia, estoy seguro que has servido de desahogo a la mayoría de quienes te niegan, se aprovechan de esa confidencialidad eterna que te caracteriza, yo en cambio me enorgullezco de que seas mi amiga, mi cómplice, mi consejera, mi compañera del alma. A veces te utilizo a mi antojo, lo reconozco, y hoy quiero pedir perdón por ello, aunque no puedo prometer que mañana o pasado vuelva a rehusar tu compañía. |
| El niño de la pequeña melena | | Pedro Biedma. 11.02.18 | Ampliar | Bueno, como dice una canción “todo tiene su fin”, con este relato me despido de momento, quiero agradecer a Federico Ortega la oportunidad que me ha dado al poder compartir con todos vosotros algunas de mis historias, espero que os hayan entretenido, os dejo mi email por si queréis enviar cualquier comentario pbiedma1@gmail.com . Espero que os guste este último relato, escrito como siempre con el corazón. Pedro Biedma.
Ignacio abrió el frigorífico y se sirvió un vaso de agua fría, tras beberlo de un tirón, se deshizo del sudor pegajoso de su frente, producto del agobiante bochorno del mes de Septiembre. Durante un instante pensó en su mujer y su hijo menor, en lo bien que lo estarían pasando en el cumpleaños de Juan, su primo y amigo, él como casi siempre no pudo asistir, primero es la obligación y después la devoción, a sus 60 años, era su lema preferido. |
| Camino de la esperanza | | Pedro Biedma. 10.02.18 | Ampliar |  Tras más de media hora oyendo un triste monólogo por parte del doctor, Pablo se despidió de él, cabizbajo y sin pronunciar palabra alguna, una simple señal de adiós con su mano derecha fue suficiente. Al salir y cerrar la puerta de la consulta, observó con estupor como la sala de espera había desaparecido, en su lugar una enorme y empinada montaña se postraba altiva y desafiante a sus pies, una señal de madera indicaba el camino a seguir, . Con alguna que otra lágrima en sus ojos y miles guardadas en su corazón, comprendió que el destino le regalaba un viaje con el que nunca soñó, con fecha de ida marcada pero sin concretar la de vuelta. Los primeros kilómetros resultaron duros, demasiado duros, para colmo se unieron a su aventura varios acompañantes no deseados, el pesimismo, la tristeza y escondida entre las rocas, la traviesa nostalgia que lanzaba puñales hacia lo más hondo de su ser. |
| Yo quiero | | Pedro Biedma. 07.02.18 | Ampliar |  Yo quiero calles de piedras y arena, con sus porterías imaginarias, con veinte niños pateando un balón viejo y donde no falte ese vecino cascarrabia al que todo le molesta en lugar de estupendas y costosas consolas de juegos ficticios que sólo sirven para acotar la imaginación de los jovenes y mayores que dedican con pasión todo su tiempo disponible. Yo quiero enceder la televisión y “tragarme” por imposición las viejas y antiguas películas que ponían los sábados, y no volverte loco con ese imcomprensible mando a distancia que te guía por infinidad de canales cuyo contenido te importa un pimiento y finalmente eliges uno al azar que te acompaña mientras duermes. Yo quiero volver a sentir la alegría de recibir la visita sorpresa de un familiar antes que leer cientos de mensajes de texto en el móvil de personas queridas que raras veces podrás tener cerca. |
| Preguntas | | Pedro Biedma. 04.02.18 | Ampliar |  Adrián a sus doce años no lo podía entender, lo intentó una y mil veces, pero nada, el tema que hoy se trató en clase era aún demasiado complicado para él. En el fondo se encontraba muy tranquilo ya que jugaba con ventaja respecto al resto de sus compañeros, él disponía de un arma secreta, su padre Eduardo, el hombre que poseía respuestas para todo. Alguna vez recurrió a su madre, pero ella siempre utilizaba la misma estrategia y le decía “yo estoy muy liada, me faltan muchas tareas para acabar, cuando venga papá se lo preguntas”, pero Adrián sospechaba que la realidad era otra, ella no conocía la respuesta y se excusaba con el manido tema de las tareas, lo imaginaba ya que en muchas ocasiones mamá también se sentaba a oír atentamente la explicación de Eduardo y Adrián pensaba en voz baja “ves como tampoco lo sabía”. ¿Como era posible la existencia de tantas religiones , casi todas, muy diferentes unas de las otras?, ¿tantos creadores de la Tierra?, ¿y los ateos?, ¿qué pensaban?, demasiadas preguntas que pronto iba a dar por resueltas, sólo era cuestión de tener un poco de paciencia y esperar a papá. |
| El secreto de Ana | | Pedro Biedma. 02.02.18 | Ampliar |  El tiempo pasa volando, solemos decir, en el caso de Ana parecía avanzar a cámara lenta, se cumplían ya cinco largos años que vivía sola, desde que el cruel e imperdonable rumbo de la vida arrebató, sin previo aviso, de su lado a su inseparable compañero de viaje Tomás, su esposo, viajes en el que visitaron multitud de destinos y donde fueron testigos de momentos de alegrías, penas, risas, llantos, enfados y reconciliaciones, pero en los que siempre encontraron un lugar idóneo para fotografiarse junto al amor. Tenía un sólo hijo, llamado como no, Tomás, y se sentía la madre más afortunada del mundo. La llamaba todas las semanas para interesarse por ella, incluso una vez al mes le honraba con su visita y además casi siempre les acompañaba su nuera Clara y sus dos nietas, Clarita y Silvia, la pequeña decían que tenía una gran parecido a su ella, en esas contadas visitas era cuando el reloj parecía acelerar su marcha. ¿Qué más podía pedir?, Ana comprendía perfectamente que los ochenta kilómetros de distancia que recorrían para poder verla suponían un esfuerzo considerable para ellos, además sí contamos la vuelta son 160 kilómetros y ya sabemos todos que el combustible hoy en día está por las nubes. |
| La leyenda | | Pedro Biedma. 27.01.18 | Ampliar | A veces un cálido abrazo sin manos te puede mostrar un hilo de esperanza, cien gélidos y falsos abrazos con manos, pueden hacer rebosar tu equipaje de desilusión.Cuenta una vieja leyenda que en un secreto lugar, se encuentra un mar inmenso y ho rrible a la vez, el mar de las esperanzas perdidas. Para llegar a él, no existe una ruta definida, nosotros hemos conseguido acercarnos hasta sus bravías aguas, no sabría explicar cómo ni cuándo aparecimos aquí, sólo sé que me acompañas, agarrada con fuerza a mi mano, vagamente recuerdo que anduvimos caminos infernales sin dar paso alguno, descendimos cientos de ríos de tristeza sin llegar a navegar. Ahora, desde esta desierta orilla, nuestros cuerpos observan, sin saber como actuar, el agónico hundimiento de nuestras esperanzas, la tuya unida a la mía, mirándola y esperando una solución que parece imposible de hallar, percibimos con pesar, sus súplicas desesperadas, destinadas a nuestras mentes, que permanecen bloqueadas, nuestros corazones bombean miles de lágrimas de impotencia que incendian con llamas de dolor nuestro interior. |
| A mis abuelos | | Pedro Biedma. 24.01.18 | Ampliar |  Anoche viajé hasta el cielo, a visitarte, ¡abuelo!, me disfracé de tu niño, para revivir tu cariño. Llegué pronto a tu lado, allí reinaba la calma, te sorprendí abrazado, de tu Lola del alma., |
| Con el tiempo
| | Pedro Biedma. 22.01.18 | | Con el tiempo he llegado a entender,
que la maldad es la bondad con disfraz,
que el halago te puede ofender,
si se desprende de su antifaz.
Con el tiempo he llegado a entender,
que la mentira se comió a la verdad,
que el engaño te va a convencer,
si te atrapa con su realidad.
Con el tiempo he llegado a entender,
que la evidencia asustó nuestro amor,
que aterrado se fue a esconder,
en el corazón de este humilde autor. |
| Háblame Málaga | | Pedro Biedma. 22.01.18 | Ampliar |  Siéntate aquí a mi vera que te pueda yo admirar empalaga mis sentidos con tu olor a tierra y mar Embriágame de placer con tu arte al caminar muéstrame tu belleza date una vuelta entera, que te quiero contemplar |
| Cartas de ida y vuelta | | Pedro Biedma. 21.01.18 | |  Una carta de amor con el viento te envié, su bravura la posó suavemente a tu vera, al leerla comprendiste quién te la había enviado, algo no debió agradarte, para que allí la rompieras. Meses más tarde insistí y el viento me ayudó cambié todas las palabras, por sí te habían ofendido, pero el viento se calmó y no acabó su cometido cayo en medio del mar y el agua la sumergió A la tercera va la vencida, eso pensaba yo la acerqué hasta tu puerta y junto a ella la dejé esta vez solo la ojeaste, no la llegaste a leer en cambio sí respondiste, veloz como un rayo Mi fiel amigo el viento fue quien me la entregó mi corazón tenía prisa por saber tu parecer tu corazón ya tenía dueño, el viento lo conquistó |
| Toby | | Pedro Biedma. 19.01.18 | Ampliar |  Julián había buscado ya mil veces sus valiosas gafas, sin ellas apenas podía distinguir nada, su olvidadiza cabeza tampoco le ayudaba a recordar dónde las había dejado la noche anterior, así que resignado se calzó sus cómodos y antiguos zapatos y se dispuso a sacar a pasear a su fiel compañero Toby. Desde que vivía en la granja de su hijo Pablo, todas las mañanas, llevaba a dar un paseo por el campo a su pequeño carlino. Aún recordaba el día en que su esposa tristemente fallecida, se lo regaló, hacía ya más de ocho años. Se encontraba cercano a cumplir los ochenta pero su avanzada edad no le impedía caminar diariamente un par de kilómetros junto a su inseparable compañero, durante ese tiempo Julián parecía rejuvenecer y sentirse importante para alguien, el cariño entre ambos era más que evidente. Salió al exterior de la granja, anduvo cinco o seis pasos con el collar y la correa en su mano izquierda y se topó de frente con su perro y con Kas, una traviesa cría de cerdo que a menudo se escapaba del engordadero. Tras colocar, con dificultad, el collar a Toby, cogió en sus brazos al juguetón Kas y lo situó en su lugar junto al resto de sus compañeros. Ya estaba preparado, correa en mano, para recorrer su trayecto diario, lo conocía de memoria, sabía donde se encontraba cada piedra, cada desnivel, etc, y además Toby siempre iba delante dispuesto a guiarle de principio a fin, por lo que no le importaba demasiado el no llevar sus gafas. Comenzó el recorrido y apenas pasados unos minutos Julián se percató de que Toby estaba muy raro, algo le ocurría, parecía que ese día no le apetecía pasear, no quería situarse delante de él como era su costumbre, es más, debía de empujar con fuerza la correa para que avanzara, eso sí, con cierta desgana. |
| Semillas de felicidad | | Pedro Biedma. 14.01.18 | Ampliar |  Malhumorado, Juan, recopiló todas sus pertenencias y con un ansia desenfrenada se dispuso a abandonar aquel ruidoso lugar, fue incapaz de lograr un sólo minuto de paz, la verdad que las vistas no tenían desperdicio, pero nadie comentó la cantidad y variedad de sonidos que allí celebraban un concierto improvisado. Su idea al llegar, consistía simplemente en conseguir descansar y atrapar, una noche más, su sueño preferido, ese donde se él se transformaba en un agricultor que observaba sus inmensas tierras, plantadas con miles de semillas de felicidad, el año resultó duro pero en esa ocasión no hubo plagas, ni destrozos causados por las inclemencias del tiempo, ni pajarracos negros que se alimentaran de sus semillas, ese año todo los factores resultaron propicios, y por fin, podía comprobar junto a sus dos hijos que le contemplaban orgullos, como sus semillas de felicidad, daban sus merecidos frutos. Lo primero que pensó fue rellenar una hoja de reclamaciones, pero no halló a nadie en recepción, no le concedió mayor importancia, en el fondo sabía que no serviría para nada, lo que tenía bastante claro era que nunca más pernoctaría allí, así que con la mayor rapidez posible, guardó todas sus enseres en su vehículo y emprendió el camino, huyendo igual que un alma al que persigue el diablo. |
| El Sol y la Mar | | Pedro Biedma. 13.01.18 | |  Cuenta una leyenda que un verano de hace miles de años, el Sol contemplaba, desde su privilegiado lugar en el Universo, la hermosura de la Mar. Un día se armó de valor, apagó sus fuegos y se atrevió a bajar para declararle su amor callado. La mar se sintió alagada y le confesó que ella esperaba con ansiedad cada amanecer para poder observalo y que cuando se marchaba para dar paso a la Luna, se entristecía y enfurecida bajaba y subía las maréas. Pasaban horas y horas hablando de los sentimientos que se procesaban mutuamente, los habitantes de la tierra observaban absortos como el Sol se balanceaba entre las olas del mar, oían sus risas de complicidad. Mientras tanto la Luna y las Estrellas, sorprendidas por el insólito hecho, doblaban su turno y permanecían ahí arriba iluminando a los dos enamorados. Sin ser conscientes de ello, un volcán cercano y enamorado también de la Mar, era testigo del puro amor que existía entre ellos.. Celoso y malhumorado llamó a una paloma para que le entregara un mensaje al Sol, debía de abandonar a su amada y regresar al Universo, de lo contrario volcaría un inmenso río de lava que secaría sus aguas. Ante dicha amenaza y asustado por el daño que el volcán podía ocasionar a su amor, se lo contó a la Mar y resignado volvió a su lugar de origen, fue una despedida triste pero no definitiva, nada borraría el apasionado idilio de verano que juntos vivieron ese año. Desde entonces, si ponéis atención, cada día que amanece se pueden escuchar las frases de cariño que ambos se dedican. Desde entonces el Sol se va acercando poco a poco a su amada, a la vez que apaga sus fuegos, hasta desaparecer de nuestra vista. Desde entonces y tras el horizonte, donde el malvado volcán no es capaz de verlos, continúa meciéndose en sus aguas, hablando, riendo y besando a su amor en un eterno verano. |
| El viaje | | Pedro Biedma. 07.01.18 | Ampliar |  Curiosamente ese día, apenas encontró retenciones en la carretera, por lo que le resultó imposible “protestar” como en él era habitual, además hubiera sido en balde, pues esta vez nadie le acompañaba en su viaje. Tampoco logró amenazar con “quedarse todo el mundo en tierra” por la carga excesiva de su maletero, con cientos de trasto inútiles, su coche no era un “tanque” y debía de cuidar muy mucho los amortiguadores, esta vez sólo llevaba lo imprescindible, como a él le gustaba hacer, por no llevar no se colocó ni su reloj preferido, en un acto más de su generosidad absoluta, unos días antes se lo regaló a su nieto Pedro, si, ese al que tanto le gustaba chinchar, siempre sin malas intenciones y al que le solicitaba una y otra vez que le contase el chiste del galgo. Condujo completamente a sus anchas, por el carril de la izquierda y nunca superando los límites de velocidad establecidos, todo lo contrario, no existía prisa e iba el primero, ¿para que correr más?, si alguno quería adelantarlo, disponía de todo el carril derecho para hacerlo, pero no, ese día nadie lo adelantó. |
| Sueños de Navidad | | Pedro Biedma. 06.01.18 | Ampliar | !Papá¡, por favor, cuéntame un cuento de Navidad, uno bueno, de esos que tu sabes que me gustan.“De acuerdo hijo, me sentaré aquí a tu lado, antes debes ordenar todos tus juguetes, que luego mamá se enfada”. Antonio tomó asiento, esperó con paciencia a que Juan recogiese los coches y muñecos que tenía colocados, sin orden alguno, por todo el suelo de su habitación, mientras recordaba con nostalgia, el cuento que su querida madre solía relatarle en estas fechas. Una vez acabada su tarea el pequeño se postró sobre las rodillas de su padre, antes de comenzar, ambos se cruzaron una tierna mirada que definía por si misma el concepto de la palabra amor. Antonio le narró un maravilloso cuento, en el que a los protagonistas, y con la ayuda inestimable de la magia que reina en Navidad, se les cumplían todos sus sueños. |
| Las respuestas de mi yayo | | Pedro Biedma. 04.01.18 | Ampliar |  Enrique se encontraba sentado en una silla, acompañado por su abuelo, majestuosamente postrado en su sillón, el sillón del abuelo. Deseando descubrir respuestas a todas las incógnitas que convertían su joven mente en lo más parecido a un vaso repleto de agua y a punto de rebosar. A sus doce años, las tardes de lo sábados, era el momento más esperado de toda la semana, tenía la suerte de disfrutar durante algunas horas del cariño indescriptible que le proporcionaba su “yayo” Pablo, además él le explicaba cosas que no aparecían en los libros. Sin previo aviso e impaciente, Enrique dio comienzo al turno semanal de aprender cosas cuya respuestas únicamente se encontraban en la cabeza y el corazón de su sabio particular : P- ¡Yayo!, ¿que es mejor el pasado, el presente o el futuro?. R- Los recuerdos, sin duda los recuerdos, sucederán en tu pasado, los recordarás en tu presente y los revivirás con una mezcla extraordinaria de placer y añoranza en el futuro. Durante unos instantes Pablo calló, recordó algunos episodios maravillosos acontecidos en su larga vida y, en silencio, lloró sin soltar ni una sola lágrima, pronto su nieto le hizo volver al presente. P- ¡Yayo!, ¿a quién has querido más y a quién menos?. R- No he podido querer más a una persona que a otra, el amor no tiene
medidas, es lo único que nace, crece y nunca muere. Padres, hermanos,
hijos, esposa, nietos, tu corazón reservará un hueco destinado a
albergar el amor indicado para cada uno de ellos y lo alojará en él sin
condiciones ni contrato de permanencia. Indudablemente a quién nunca he
conseguido querer, ha sido a mi mismo y créeme que lo he intentado una
y mil veces, estoy convencido que quién lo logra es quién llega a
conocer la verdadera felicidad en esta vida. Hazme caso e intenta
reservar en tu corazón, el mayor espacio disponible, para alojar tu
amor propio. |
| El plan perfecto | | Pedro Biedma. 31.12.17 | Ampliar |  Ese día todo iba a ser distinto, se acabaría su papel secundario de marioneta manejada por los caprichos del viento. Se vio reflejado en el espejo que presidía su salón y su rostro era diferente, no se reconocía, su plan perfecto, maquinado sin piedad durante la silenciosa noche, comenzaba a dar sus frutos. Cerró con rabia la puerta de su casa, ataviado con las prendas que a él le vino en ganas, y le dijo adiós al ridículo. Nada más salir se encontró de frente con la altiva familia de sus temores, no faltaba ni uno de ellos, esta vez no los esquivó cambiando de acera, se paró delante de ellos y, con la cabeza muy alta, los miró uno a uno a los ojos, escupió a sus pies y los despidió con un breve y contundente “hasta nunca”. Continuó su camino con paso firme, al pasar por el bar donde solía estar siempre, observó como desde dentro le miraba y se burlaba la malvada mala suerte, sin más le hizo una señal con la mano derecha desafiándola a salir a su encuentro, la mala suerte avanzó sin miedo, pero a medida que se acercaba su risa disminuía, cuando la tuvo al alcance fue él quién soltó una enorme carcajada y sin previo aviso le clavó un puñal en pleno corazón. La abandonó allí tirada en el suelo y agonizando, se marchó, no sin antes decir “se acabaron tus risas, mala suerte”. |
| Verdadero amor | | Pedro Biedma. 30.12.17 | |  El viaje por fin terminó, resultó mucho más complicado de lo esperado, por momentos sus vidas corrieron peligro, pero felizmente todo acabó bien. Minutos después, Pedro se encontró, sin esperarlo, con ella, frente a frente, mirándose el uno al otro. Pedro jamás había visto ese rostro que le observaba, un rostro por el que avanzaba un caudaloso río de lágrimas que nacían en sus ojos hasta morir en su barbilla. No entendió porqué lloraba, creyó que debía de estar aún asustada por lo accidentado del trayecto, pero su pensamiento no se acercaba ni lo más mínimo a la realidad. Carmen sí lo conocía, aunque no físicamente, poseía de una pequeña vivienda en la que Pedro pasó unos meses de su vida, debía de ser buena persona ya que a pesar de no recibir el pago de ni una sola mensualidad, nunca tentó su mente, la cruel idea del desahucio. Sin previo aviso, Carmen posó sus labios en su arrugada frente y sin más contemplaciones le besó, él intentó hablar, pedir una explicación, no lo pudo lograr, sus palabras no conseguían salir. Sus miradas de nuevo se cruzaron, ella le susurró al oído algo que él no supo interpretar, debía de hablar una lengua totalmente desconocida por Pedro, pero una intuición proveniente de su pequeño corazón le ayudó a entender que esa mujer, y desde ese mismo instante, se acababa de convertir en el amor de su vida, engendrado en lo más profundo de su ser, ya nada ni nadie los podría separar, ella, a partir de ese instante, compartiría junto a él todas sus vivencias, las buenas y sobre todo los malas. Pedro acababa de conocer a su verdadero amor, su MADRE. Dedicado a mi madre, por ese amor único, que se origina antes del nacimiento y no desaparece jamás |
| La ilusión | | Pedro Biedma. 29.12.17 | Ampliar | Buenas a tod@s, quiero felicitaros el nuevo año, que se os cumplan todos los deseos y que os traiga mucha "ilusión", ilusión por amar, por ser amado, por cumplir vuestros deseos y sobre todo "Ilusión por vivir", un corazón desilusionado no se para pero es cierto que "camina despacio y sin compás". Feliz e ilusionante Año 2.018. La ilusión Anoche me despojé una a una de todas mis preocupaciones, elevé la mirada al cielo y allí estaba ella, más bella que nunca, esperando una señal mía. Abrí mi alma de par en par, saqué dos sillas de esparto y con ellas rodeé mi corazón, grité en silencio su nombre invitándola a sentarse en mi interior, al instante se me acercó y comenzamos a dialogar. La Luna acarició con ternura mi rostro, la piel se me erizó, y sin pudor me preguntó : ¿ qué piensas amigo mío ?, se unieron a la reunión mis sentimientos más puros y el más sabio de ellos respondió en mi lugar, ¡Luna!, ¿ qué es lo verdaderamente importante en esta vida ?. Ella permaneció callada unos segundos, se sirvió un vaso de mis recuerdos, y pronuncio: |
| A veces, algunas veces | | Pedro Biedma. 28.12.17 | | A veces, algunas veces, me sitúo frente a un espejo y me pregunto: - ¿Quién o qué soy yo?. Entonces llega el turno de mi corazón, quien responde por mi boca y sin temor. – Soy un día que acaba de anochecer. – Soy un mar bravío sin fuerzas para formar una sola ola. – Soy el amigo más desleal. – Soy el sabio más ignorante. – Soy un piadoso muy cruel – Soy un ganador que no deja de perder. – Soy ese padre que nadie desea ser. – Soy el amor más odiado. – Soy la alegría que contagia tristeza. – Soy un tesoro que no posee valor. – Soy un trozo de hielo que desprende calor. – Soy un fiero viento totalmente en calma. – Soy y no soy, ese soy yo. A veces, muchas veces, me pregunto ¿si tengo corazón?. |
| La partida de ajedrez | | Pedro Biedma. 25.12.17 | Ampliar |  Por fin llegó el domingo y Julio se encontraba exultante de felicidad pues tocaba visita familiar, hoy vería a su único hijo Pablo y con suerte a su nieto Julian. A sus ochenta años pocas cosas alegraban ya su vida, para ser exacto sólo dos, la ya mencionada visita dominical y la partida nocturna de ajedrez con su amigo de habitación al que él llamaba simplemente “mala cara”, Julio había sido siempre un apasionado y gran jugador de este juego, pocas personas podían presumir de haberle vencido alguna vez. A las once de la mañana y puntual como siempre, apareció su hijo, esta vez no le acompañaba Julián. Tras el beso y abrazo de rigor, ambos conversaron sobre las novedades transcurridas durante la semana, pocas la verdad. Pasada una media hora Julio le hizo una confesión a Pablo, se le notaba atemorizado y sin saber cómo empezar a relatar lo que le sucedía. Tras unos segundos, tomó aire y le comentó a su hijo que el lunes por la noche, y antes de empezar a jugar, su amigo “mala cara”, le hizo una propuesta no negociable, consistía en qué si Julio le vencía, como solía hacer diariamente, le otorgaría cualquier deseo que pidiera, en cambio sí perdía, “mala cara se apoderaría de su alma. |
| Un triste bolero | | Pedro Biedma. 24.12.17 | Ampliar |  El salón se encontraba repleto de bellas mujeres luciendo sus mejores galas, todas deseosas de que el príncipe de sus sueños apareciese y la rescatase del grupo de las ignoradas y fueran premiadas con un baile en el centro de la pista. De repente hizo su aparición el mejor de los galanes, el que las derrite con una sola mirada, un sueño imposible para la mayoría de ellas, se trataba, como no, de D.Tenorio (no podía llamarse de otra manera). Con su impecable frac, gomina en cantidad para marcar sus negros cabellos, bigote aturdidor igual que el de Errol Flynn y un caminar elegante como ningún otro, sin pensarlo anduvo hacia donde se encontraba ella, situada de espaldas. El agarró su hombro descubierto para que le prestara atención, sus miradas se cruzaron durante eternos segundos y sin mediar palabra alguna, se cogieron de la mano y la cintura y comenzaron a bailar, no les hizo falta hablar, sus ojos lo dijeron todo, sonaba un antiguo y triste bolero. El lugar se convirtió repentinamente, en una pequeña caja de música antigua, donde ellos eran los protagonistas. La música de la caja cesó y ambos se despidieron hasta el próximo domingo, en el mismo lugar, ese día ella no esperaría junto al grupo de las ignoradas, ese día, Rosa, realizaría su entrada orgullosa y sonriente, acompañada de su galán, sabedora de ser la envidia del resto de señoritas. |
| Pacto de amor | | Pedro Biedma. 21.12.17 | | La tenue luz de una vela, dictaba la frontera con la negrura, dueña y ama de casi la totalidad de mi alcoba, el insomnio ganaba la batalla a mi cansancio, de fondo, el lamento inconfundible de las olas de un mar bravío. Un ruego amenazante golpeó sobre el cristal de la ventana, rompiendo la quietud enloquecedora del lugar. Sin dudar y esperanzado, acudí a su llamada, lo invité a mi solitaria reunión y cual paloma mensajera, el viento me entregó tu mensaje y regresó a su palomar. Le concedí a la oscuridad el dominio total, cerré los ojos y el desvelo se rindió. El viento confirmó la perpetuidad de nuestro pacto de amor. |
| La primera vez | | Pedro Biedma. 20.12.17 | Ampliar |  Ahora disponía del tiempo libre necesario para poder realizar lo que tantas veces había pensado, ya no podía encontrar una buena excusa para no hacerlo. Apenas veinte minutos tardó Juan en llegar caminando desde casa, ya estaba allí, siempre hay una primer día. Con soltura y mucha timidez a la vez, se presentó y conoció al resto de compañeros. Tras una breve explicación ya estaba listo para empezar. Su tarea parecía simple, tomar nota de la tarjeta de identificación, asegurarse de que aparecían en la lista facilitada por la organización y entregar un par de cajas de alimentos a cada una de las familias necesitadas, que en una larga e interminable fila, allí se encontraban. Esperaban con ansiedad que Juan hiciese algún tipo de gesto o señal para poder avanzar. Sin más dilación comenzó, y a cada una de las cajas, le añadía una sonrisa y alguna frase de esperanza “financiadas” por él. |
| Amor imposible | | Pedro Biedma. 17.12.17 | Ampliar |  Cuentan que una gélida noche de invierno, el Viento, malhadado, visitó a la Luna, su amiga y confidente fiel. Se le acercó llorando y roto de dolor, se aproximó todo lo posible a ella, que lucía más llena que nunca, y le confesó su gran secreto, guardado en lo más profundo de su ser. Hacía miles de años que anhelaba declarar su amor a la dama más bella que albergaba el Universo, por desgracia sólo la podía ver de lejos ya que ella tímida y coqueta, huía al percibir su presencia. Él era consciente que sus caracteres resultaban diametralmente opuestos, pero los amantes deben complementarse uno al otro. Las nubes, el mar, el Sol, las montañas, es decir todos sus amigos contaban maravillas de ella, resaltaban la paz, ternura y tranquilidad que transmitía allí por donde pasaba. La Luna le consoló y, sensata como siempre, le hizo ver que ese era un amor imposible, en ese instante ella recordó también su quimérico idilio con el Sol, se afligió de tal manera que su perfecta redondez menguó un cuarto, pronto se repuso y aconsejó al Viento que buscase un nuevo amor, “tú eres fuerte y bravío, seguro que hallarás una maravillosa señora que te corresponda”, le comentó. |
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